Ayer fue un día muy raro. Por todas partes había gente con mala cara, estornudando y tosiendo la mayoría de ellos. A pesar del aumento en las últimas semanas de los niveles de polen, sobre todo de ciprés y plátano, no era normal aquello.
En la oficina más de lo mismo y todo el mundo haciendo los mismos comentarios, que si es una epidemia de gripe que está coleando fuerte después del invierno, que si es un repunte exagerado de polen, a pesar que en la web de la Comunidad de Madrid no indicaba nada anormal en los índices de polen que publicaban a diario. Otros decían que la contaminación de Madrid, normalmente alta, estaba ese día por las nubes. Que suerte tienes, Miguel, me decían, tu no están con el kleenex todo el día. Y la verdad es que tenían razón, a parte de mi bajo estado de ánimo, algo por otra parte normal en mí, ese día no tenía ninguna molestia, ni siquiera me picaba la nariz lo más mínimo.
Las noticias de la tele de momento no mencionaron nada de todo esto. Matías Prats continuaba hablando sobre las corrupciones y teje manejes de los políticos, de lo mal que se llevaba Guti con su entrenador y de los grandes resultados de audiencia de sus informativos con respecto a la competencia, que seguramente estarían en ese momento diciendo lo mismo pero a su favor. Me acosté a la una y media de la mañana sin novedad.
Hoy me levanté algo ilusionado porque ya era jueves y quedaba algo menos para poder disfrutar del fin de semana, que para mí era estar en pijama hasta la hora de comer y ver dos o tres películas seguidas y acostarme de nuevo. A la hora del desayuno escuché menos ruidos de los habituales en el vecindario, pero tampoco me extrañó.
Al salir a la calle, en dirección al autobús, me topé con un vecino que venía de vuelta. Me dijo que se volvía a casa porque estaba enfermo, debía haber cogido la maldita gripe, me dijo. Había gente que estornudaba exageradamente, otros de forma más discreta y otros nada, aunque se les veía con mala cara y apunto de empezar a estornudar también. Empecé a preocuparme porque si bien no soy hipocondríaco si que tenía algo de aprensión a respirar el aire viciado de un autobús lleno de gente enferma.
En la oficina había habido tres bajas por enfermedad, algo que no pasaba desde hacía años. Y todos los que estaban allí tenían mal aspecto, con caras pálidas la mayoría, y con pinta que de un momento a otro se iban a poner a estornudar. Me tomé un frenadol, por si acaso, aunque si de verdad era una epidemia de gripe ya estaría contagiado.
Esta mañana, después de tomar el desayuno en la oficina, en todos los telediarios se hicieron eco de aquel extraño virus que estaba haciendo estragos en la población, aunque todavía no era noticia de portada. De momento el presentador de deportes. ya no estaba. ¿Estaría de baja?.
Me está gustando mucho este relato.
¿Se puede conseguir todo juntito?
Ahora mismo te lo envío a tu correo
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Un saludo.
Ya te lo he mandando